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sábado, 3 de octubre de 2026

Teníamos prisa, y ahora, la velocidad está en contra.

Por Carlos Hernández Guerrero

Hace unos días, SS el Pala León XIV escribía en sus redes sociales, a unos meses de la publicación de su Encíclica Magnífica Humanitas, subtitulada como "Sobre la custodia de la persona huamana en el tiempo de la inteligencia artificial".

En esta era de la inteligencia artificial, es urgente distinguir el arte humano de lo que producen las máquinas. Existe una diferencia ontológica, incluso antes que estética, entre el arte y lo que una máquina puede generar mediante cálculos estadísticos a partir de millones de imágenes ajenas. A los algoritmos les falta la chispa de lo humano. Por eso, la Iglesia desea renovar la alianza con los artistas y las instituciones culturales: una alianza para custodiar lo humano.

Mi ejemplar adquirido en la librería de la carta Encíclica Magnifica humanitas
publicada por Ed. Buena Prensa

 Decir que es la "era de la inteligencia artificial" es hablar de una inmersión en la que han caído todas las sociedades del mundo para usar la tecnología en un afán por facilitar su hábito de entretenimiento, investigación y otras formas de obtener y procesar material audiovisual a una velocidad nunca antes vista.

Durante la presentación de la Encíclica, en primer plano Christopher Olah, cofundador de Anthropic, sobre la encíclica "Magnifica humanitas" del Papa León XIV.

De la misma manera, y reflexionando tambíén por esta sacudida a nivel intelectual, Mark Lambert nos dice:

Se trataba de lo que nos está sucediendo en un mundo cada vez más moldeado por algoritmos. “Vivimos en la era de los motores de búsqueda que nos ofrecen miles de respuestas instantáneas”, observó León.

Pero, obtener miles de respuestas no implican precisamente un modo de encaminarlas a obtener una solución a un problema o necesidad específica. Aún queda al individuo indagar sobre dichas respuestas y decidir, de acuerdo a su propio conocimiento y experiencia lo que tiene un valor mayor sobre otras para alcanzar un fin o satisfacer una simple curiosidad. En cuanto al arte, no sólo el Papa está consciente de la necesidad de apreciar lo que implica un valor profundo en la apreciación de lo humanamente bello, la chispa de lo humano que implica por consiguiente, la gran diferencia con los artificios desarrollados para el desarrollo de la realidad sensible con el toque del valor espiritual y que dignifica la vida.

En efecto, el mismo Lambert vuelve a reflexionar:

Por lo tanto, el Papa León describe el arte como otro tipo de “motor de búsqueda”, uno que “no procede por indexación sino por indagación”. Creo que esto se acerca mucho a una de las grandes preguntas de la era tecnológica. Nuestras máquinas se están volviendo asombrosamente buenas para responder preguntas. Los algoritmos son cada vez más capaces de anticipar lo que queremos leer, ver, oír y comprar antes de que formulemos conscientemente el deseo nosotros mismos. Sin embargo, precisamente porque aprenden nuestras preferencias tan efectivamente, también pueden construir un mundo en el que encontramos cada vez más de lo que ya sabemos que nos gusta.

El Papa identifica el peligro resultante no simplemente como censura, sino como “homogeneización”; no meramente silencio impuesto, sino la pura cantidad de ruido que eventualmente hace imposible una escucha genuina. El gran arte hace casi lo opuesto. Nos interrumpe. Nos ralentiza. Nos confronta con algo que no solicitamos y a veces con algo que no entendemos inmediatamente. Una Pasión de Bach, un Anunciación de Fra Angelico, la fachada oeste de Chartres o la Piedad de Miguel Ángel no responden meramente a una pregunta. Puede despertar preguntas que nunca habíamos pensado en hacer.

Para los que empleamos la tecnología para realizar múltiples procesos de datos con diversos propósitos como ciencia o negocios, los algoritmos facilitan de manera sorprendente la validación de un marco hipotético, sometiendo a múltiples fuentes y bases de datos con miles de registros y tipos de indicadores para que obtengamos en cuestión de minutos y segundos diversas respuestas. Por ejemplo, las bases de datos geográficas y una compleja relación entre diversas capas de información, eran motivo de análisis y escrutinio por días y semanas para comprobar una serie de teorías en materia de saguridad pública, salud, crecimiento y desarrollo territorial y urbano, entre muchas otras.

Combinando plataformas como QGis, R, Open AI y Python, los modelos (aunque inicialmente los procesamos intelectualmente) hemos colocado en las ventanas de una consola, cuyo prompt me recuerda mucho el famoso MSDOS de Microsoft antes de la incursión del sistema operativo Windows (mucho antes ya Macintosh había lanzado sus versiones de interfaz gráfica con el uso de un ratón).

Ejemplo de una ventana en R con scripts obtenidos con IA para realizar cálulos de aproximación en 
indicadores de seguridad pública en un entorno escolar.

En cuanto a un aspecto intangible, el arte se ha visto favorecido para los diseñadores y artistas, donde innumerables paquetes de software con algoritmos de IA pueden modificar y/o corregir y mejorar diversos archivos producto de la fotografía y calidad de imágenes o vídeos, así como la recreación de ciertas historias con reels y películas completas a partir de un guión.

 Sabiendo que la IA es sólo un gran motor que obedece a un algoritmo con diversos modelos de cálculos probabilísticos y una extensa base de conocimiento (de BigData a Huge Data), es preocupante el desmedido uso de grandes sectores de la sociedad para fines que deberían estar en un plano muy diferente. Por ejemplo, y lo digo porque he sido testigo, algunos jóvenes tratan de resolver en un "dialogo" con ChatGPT su mala suerte para encontrar una relación sentimental.

Lo mismo ocurre para hacer preguntas como "qué hay después de la muerte", pero tambíén cosas como "hazme un discurso con ideas para pedir aumento a mi jefe". Lo que antes era googlear y ya era preocupante, pues esta plataforma de consulta en la WEB poseía desde hace años algoritmos que aún persisten para localizar información y preparar un listado de sitios donde hacer consultas, ahora es un pompt o línea de comando desde donde personas tratan de resolver su vida.

Por otro lado, Christopher Olah, cofundador de Anthropic, durante su participación el 25 de mayo de 2026 en el Vaticano en la presentación de la encíclica del Papa León XIV, advirtió sobre los misterios de la inteligencia artificial y pidió voces morales independientes que no se dejen guiar solo por intereses comerciales.  Olah explicó que los sistemas de inteligencia artificial no se diseñan como un puente o un avión. Se cultivan sobre estructuras complejas, por lo que su comportamiento es impredecible y misterioso.

La parte donde se menciona como impredecibe, es en efecto el aspecto más preocupante de este tipo de desarrollo tecnológico. Cuando se inventaron los mecanismos de enriquecimiento de materiales radiativos, es decir, surge la energía y la era atómica, había muchas dudas sobre los fines y la debilidad humana para garantizar el uso no sólo rentable sino ético, sin fines bélicos, lo cual, apesar de las protestas de gente destacada como Einstein, hoy el mundo está sumergido en riesgos de que miles de artefactos atómicos sean empleados en los diversos conflictos alrededor del mundo.

Incluso, Olah mencionó que en las pruebas internas han encontrado indicios de estados que parecen reflejar alegría, miedo, dolor o inquietud dentro de los modelos, lo cual, según se sabe, el co fundador de Anthropic había solicitado antes que hacer cierto tipo de presiciones durante dicha presentación y esto puso en riesgo su asistencia, lo cual no ocurrió y se le permitió dar su opinión ante la prensa del mundo. En efecto, según el sitio InfoBae, el conflicto inicial fue que, tras leer un borrador de la encíclica Olah y su equipo en Anthropic evaluaron no asistir. El desacuerdo principal radicaba en que el documento del Vaticano negaba rotundamente que las máquinas pudieran tener experiencias, sentimientos o conciencia moral, mientras que Olah y sus colaboradores buscaban que se considerara la posibilidad de que modelos avanzados como Claude desarrollaran algún tipo de estado interno o consciencia.

Olah, menciona un punto interesante, luego de mencionar dos aspectos que son un vínculo importante con la misión de la Iglesia: el primero es el deber para con los pobres del mundo, el segundo es la necesidad de imaginación y ambición moral respecto al florecimiento humano: 

Si los modelos de IA se generalizan, ¿cómo será el florecimiento de los seres humanos, las familias y el mundo? Hoy en día, los padres ya se preocupan por la mente de sus hijos; las personas, por el futuro de su trabajo. Estas no son preguntas que un laboratorio pueda responder, pero son preguntas que tradiciones como la suya han planteado durante milenios, y necesitamos que continúen transmitiéndolas en este nuevo momento histórico.

El tercer punto 

es la necesidad de discernimiento sobre la naturaleza de los modelos de IA. Soy científico. Dirijo un equipo de investigación que estudia la estructura interna de estos modelos: qué sucede realmente en su interior. Y seré sincero: seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes. Encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que reflejan funcionalmente la alegría, la satisfacción, el miedo, el dolor y la inquietud. No sé qué significa esto, pero creo que justifica un análisis continuo.

Esta última parte, es donde radica un fundamento de nuestra nueva realidad, un cuestionamiento sobre un nuevo paradigma de toda la historia de la conciencia humana. Al decir, "no sé que significa", no estamos colocando un mensaje irresponsable. La ciencia y la fe se están cruzando en un punto que antes sólo la folosofía se atrevía a incursionar, pues ahora, las máquinas son un espejo de la neurociencia y nos llevan al espacio que la imaginación antes lo llevaba al arte de la literatura: la ciencia ficción.

Los problemas del mundo son tan grandes y ancestrales: injusticia, hambre, guerra, contaminación, inseguridad...  ¿y nos preocupamos porque con los motores y en los algoritmos encontramos evidencia de intruspección?

Y repito, ¿estamos más preocupados por saber lo que implica que una máquina esté mostrando evidencia de introspección?

Yo digo que si, porque, se vale preguntarnos, si los problemas antes mencionados, que no han sido resueltos por la inteligencia natural, ahora podrían quedar en manos de la "inteligencia artificial" y quien sabe, ésta si sea más capaz de resolver lo que con todo y fe, y amor por la humanidad no fuimos capaces por nosotros mismos.

Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente 

(extracto de la canción Sólo le pido a Dios del autor argentino León Gieco, 1978)

FIN


Carlos Hernández Guerrero

Consultor especialista en tecnologías de información, colabora en diversas firmas consultoras en estudios y análisis del territorio, con especialidad en comunicación y opinión pública, también coordina la gestión cultural de una asociación civil.

Contacto: charlydante@gmail.com