sábado, 14 de marzo de 2026

De Habermas y otras complicaciones

 Por Carlos Hdez. Guerrero / Marzo de 2026

Acabo de enterarme de la muerte de Jürgen Habermas, el gran pensador alemán de este intermedio entre los siglos XX y XXI y uno de mis autores favoritos empleados en mis juegos mentales para someter a juicio las cosas que me rodean.

La única vez que elaboré algún documento donde lo cité con más frecuencia fue durante un postgrado que cursé en la Universidad Iberoamericana Plantel León relacionado con la comunicación y opinión pública, un capricho que encaminé para tratar de comprender la forma en que por medio de datos geoestadísticos pudiéra comprender mejor los fenómenos sociales registrados en múltiples bases de datos.


Debo decir que una vez que tuve que leerlo para elaborar mi reporte final, quedé prensado por su forma de criticar y abundar en las sociedades con pensadores clásicos y contemporáneos, donde sociedad y cultura política se muestran íntimamente conectados a toda naturaleza humana, con sus vicios y utopías.

Pero, siendo yo un católico practicante (hasta donde creo que puedo ser un creyente no satisfecho y si muy curioso), abundé todavía más cuando descubrí una obra que tiene que ver con una confrontación de ideas que tuvo nada más y nada menos que con el Cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la “Congregación para la doctrina de la Fe”, que antes conocido como “Santo Oficio” de cuestionada reputación por la llamada "historia negra" (y con cierto grado de cruda realidad) pero por ahora lo considero tema de otro momento y espacio.

 La obra que me refiero Entre Razón y Religión, contiene dos apartados para cada participante, ya que fue elaborada a partir de un encuentro que organizó la Academia Católica de Baviera en Munich: Ponencia leída por Jürgen Habermas, el 19 de enero de 2004, en la "Tarde de discusión" junto a Joseph Ratzinger. El tema fue: "Las bases morales prepolíticas del Estado liberal", y Ponencia leída por el cardenal Joseph Ratzinger -luego Benedicto XVI- el 19 de enero de 2004 en la llamada "Tarde de discusión" junto a Habermas, organizada por la misma Academia. (Incluso, me llevó a descubrir al pensador que fue Ratzinger, cuya labor como teólogo y humanista, es más conocida entre grupos de academia que en el ambiente religioso).

Pero la obra en cuestión que me llevó a hacer mis deliberaciones en cuanto a analizar el comportamiento o conductas sociales en materia político electoral, es el de "Teoría de la acción comunicativa, Racionalidad de la acción y racionalización social" (Habermas, Ed. Taurus, 1982), que me dejó en claro la volatilidad de nuestra especie para definir y poner en duda, hasta cierto punto, un grado de coherencia de la democracia en cualquier sociedad del mundo.

De manera colateral, sabemos por las bondades de la Internet y las redes sociales, la manipulación mediática en la política (la que lleva a grupos sociales y personas al poder) que propone Noam Chomsky, busca controlar la opinión pública mediante estrategias como la distracción (inundar con información irrelevante), el enfoque emocional sobre el racional, la creación de falsos problemas (problema-reacción-solución) y la gradualidad en medidas poco o nada populares (y las ventajas del llamado populismo, algo que nació con la democracia y las prácticas romanas apenas comenzamos a medir el tiempo con el nacimiento de Cristo). Estas técnicas, incluyen el uso de fake news, bots, polarización y el ocultamiento de información relevante.

En cuanto a Habermas, su teoría de acción comunicativa es un marco teórico que analiza la comunicación humana y su papel en la construcción de sociedades democráticas y racionales, sin pensar o considerar su lado perverso (donde incide Chomsky), distingue entre dos tipos de acción: acción estratégica y acción comunicativa. La primera se orienta hacia la manipulación y el logro de objetivos personales, mientras que la segunda busca el entendimiento mutuo y la coordinación de acciones a través del diálogo. Existe además un grado de racionalidad comunicativa, esto es, promueve la interacción basada en la validez de los argumentos y el consenso, en lugar de la mera eficiencia y control. Habermas argumenta que la acción social puede analizarse a través de estructuras lingüísticas, lo que permite una comprensión normativa de la sociedad.

En cuanto a como nos vemos inmersos como ciudadanos que tenemos intereses afines, o al menos deberíamos hacerlo, Habermas propone que la democracia deliberativa se basa en la participación activa de los ciudadanos en la construcción de la opinión pública y en la toma de decisiones, y en teoría, su modelo debería ser utilizado por teóricos del mundo en constante cambio y transformación de la vida democrática para desarrollar enfoques sobre la deliberación y la participación ciudadana, en la persecusión de soluciones a temas coyunturales: la economía, la seguridad pública y la paz, etc.

Yo he visto todo lo anterior sumergido en un mar de dudas, con la sensación de estar metidos en debates sin trascendencia cuando los intereses de grupos y partidos políticos, gobernantes y otros agentes de carácter social y cultural, hacen suyas las estrategias de distracción para entorpecer cualquier método que pongan en riesgo su camino al poder o para mantenerse en él, todo un juego del que ya nos había puesto en evidencia por el mismísimo Maquiavelo.

Puedo extenderme, y como muchos otros, llegar a anda con tanto divague, pero no puedo ocultar mi impulso y gusto por adentrarme en semejantes obras de literatura que despiertan más allá del interés. Conectar el mundo de lo racional con la cruda realidad debería llevarnos a buenos puertos y compartir las ganancias de un viaje largo, sinuoso y conmovedor que son la ideas captadas por la lectura.

Sea pues, en paz descanse Jürgen Habermas, lo seguiremos leyendo y viajando orientados por la estrella lejana del conocimiento y la duda que cuestiona como funciona el mundo, mientras mi fe intacta, se tortura por los golpes del fundamentalismo científico.

¿Y Ud. que piensa querido lector? Si llegó hasta aquí, gracias por leerme.