jueves, 12 de febrero de 2026

De amor en tiempos de amargura

 Por Carlos Hernández Guerrero

(El presente escrito fue preparado como una breve recopilación de frases y fragmentos de textos, requerida por la coordinadora de la Tertulia Literaria de la Biblioteca Pública Municipal Ma. Esther Valtierra de León, Gto. en vísperas de la fecha más cursi del año: 14 de febrero).

Con dedicación especial para ella, mi esposa, mi compañera de aventura eterna: Ema Delia.



Dicen que, entre otras cosas que nos definen como humanos y nos hacen diferentes a otras especies, está la pinza que podemos hacer con las manos para manipular herramientas, el lenguaje articulado y la capacidad del cerebro para poder llevar a cabo operaciones mentales complejas, con el fin de descubrir propiedades de la naturaleza e inventar instrumentos para diversos fines. Esto último, en cierto modo, el indicador más evidente de la inteligencia de un ser vivo. Luego dicen, algunos, que somos una especia capaz de desarrollar una cultura.

¿Acaso no el amor de lo que más se ha escrito? No lo sé con seguridad, sólo es una sospecha, aunque su contraparte, el odio, no se queda atrás.

Habrá desde luego quienes opinan que, nuestra capacidad de amar… y sin embargo, podríamos entrar en grandes debates, una vez que nos ponemos a observar el comportamiento de ciertos animales y nos dejan más que sorprendidos. Decimos entonces que pueden manifestar amor hacia sus congéneres, y otros, como los perros podrían ser un ejemplo de seres que manifiestan su capacidad de amar a otro de una especie diferente, claro, me refiero a nosotros, los humanos.

Se dice por ahí, que el rey poeta Nezahualcóyotl escribió algo como esto:

"Amo el canto del cenzontle,

pájaro de cuatrocientas voces.

Amo el color del jade,

y el enervante perfume de las flores;

pero amo más a mi hermano el hombre."

Y yo le digo a nuestro ancestro rey tlatoani que, mientras mas conozco al hombre, más amo a mi perro.

Y bien, si somos capaces de entrar en temas de “cultura”, dicho término tiene infinidad de implicaciones, ya que contiene las conductas de las personas y los pueblos, sus costumbres que, una vez aceptadas se vuelven repetitivas creando así tradiciones que con el paso de tiempo, se heredan en familias y pueblos enteros.

La poesía es una firme evidencia de la cultura universal, es decir, que aplica a todos los pueblos. Ser poeta es para mí, uno de los grandes retos del método de apreciar nuestra misión en la vida. Es tan compleja, porque sobre el pensamiento, se pone en juego lo que pensamos y sentimos. Intangible y profundo que nos lleva a colocar en el plano existencial la necesidad de poseer un alma inmortal y trascendente. La poesía es un canal para que fluya el mejor de los sentimientos, ese con el que comenzamos este escrito: el amor, y en teoría, todos somos poetas, o al menos, deberíamos serlo porque tenemos la capacidad de sentirlo. Por otro lado, la poesía, es un canal para los sentimientos, pero también para el pensamiento dirigido a cuestionar nuestra naturaleza y los misterios que encierra esa inquietud por saber que tiene sentido nuestro paso por la vida.

En apuntes para un reportaje, Pizarnik nos dice, acerca que qué es un poeta:

El poeta trae nuevas de la otra orilla. Es el emisario o depositario de lo vedado puesto que induce a ciertas confrontaciones con las maravillas del mundo pero también con la locura y la muerte.

Fuera de la minúscula sociedad secreta de enamorados de poemas, todos temen comprender que un encuentro con el poema los hubiese libertado. ¿Libertado de qué? Pero también esto lo saben todos.

Yukio Mishima, un pensador y desde luego poeta, trata de llevar su misma contemplación sobre la vida, en una necesidad de descubrir la importancia de la poesía en un mundo que está sumergido en medio de estereotipos y pensamientos materialistas:

 

El muchacho que escribía poesía (fragmento)

El muchacho estaba cautivado por la ilusión que confunde al arte con el artista, la ilusión que proyectan en el artista las muchachas ingenuas y consentidas. No le interesaba el análisis y el estudio de ese ser que era él mismo, en quien siempre soñaba. Pertenecía al mundo de la metáfora, al interminable calidoscopio en el que la desnudez de una muchacha se convertía en una flor artificial. Quien hace cosas bellas no puede ser feo. Era un pensamiento tercamente enraizado en su cerebro, pero inexplicablemente no se hacía nunca la pregunta más importante: ¿Era necesario que alguien bello hiciera cosas bellas?

 

¿Necesario? El muchacho se hubiera reído de la palabra. Sus poemas no nacían de la necesidad. Le venían naturalmente; aunque tratara de negarlos, los poemas mismos movían su mano y lo obligaban a escribir. La necesidad implicaba una carencia, algo que no podía concebir en sí mismo. Reducía, en primer lugar, las fuentes de su poesía a la palabra «genio», y no podía creer que hubiera en él una carencia de la que no fuera consciente. Y aunque lo fuera, prefería llamarlo «genio» y no carencia.

 

No que fuera incapaz de criticar sus propios poemas. Había, por ejemplo, un poema de cuatro versos que los mayores alababan con extravagancia; le parecía frívolo y le daba pena. Era un poema que decía: así como el borde transparente de este vidrio tiene un fulgor azul, así tus límpidos ojos pueden esconder un destello de amor.

 

Bertolt Brecht, Dramaturgo y poeta alemán nos somete a un sufrido pensamiento, que implica aceptar que la realidad tiene cuchillos que nos hieren la conciencia:

“La raza humana tiende a recordar los abusos a los que ha sido sometida más que las muestras de cariño. ¿Qué queda de los besos? Las heridas, sin embargo, dejan cicatrices”.

Para los eterno enamorados, hablando de la búsqueda (o la espera) de un ser soñado, Haruki Murakami en su obra Kafka en la orilla nos pone en constante estado de conciencia: "Sea lo que sea lo que busques, no vendrá en la forma que esperas"

¿El amor es un medio o un propósito?, Anton Chéjov trata de darnos un remedio para los instantes efímeros, esos que nos gustaría fueran más duraderos:

"La felicidad no existe. Lo único que existe es el deseo de ser feliz".

 

Para Octavio Paz, el amor y el erotismo son fuerzas fundamentales que unen cuerpo y alma, sirviendo como un «reconocimiento» del otro y una forma de resistencia contra la soledad y la muerte. En su obra La llama doble, el amor es intensidad y un instante eterno, mientras que el erotismo es la «sexualidad transfigurada» o erotización del deseo, convirtiendo al cuerpo en un territorio de libertad y juego.

No podemos dejar atrás a Sor Juana, quien, a pesar de su cautiverio voluntario, sabemos que ese espacio de soledad fue también un gran pretexto para poder llevar a cabo su mejor acto de libertad: pensar y escribir. Nos pone en alerta sobre nuestros más incontrolables impulsos “cuán grave es la malicia del pecado, cuán violenta la fuerza de un deseo”,

 

DE AMOR, PUESTO ANTES EN SUJETO INDIGNO

Sor Juana Inés de la Cruz

 

Cuando mi error y tu vileza veo,

contemplo, Silvio, de mi amor errado,

cuán grave es la malicia del pecado,

cuán violenta la fuerza de un deseo.

 

A mi misma memoria apenas creo

que pudiese caber en mi cuidado

la última línea de lo despreciado,

el término final de un mal empleo.

 

Yo bien quisiera, cuando llego a verte,

viendo mi infame amor poder negarlo;

mas luego la razón justa me advierte

 

que sólo me remedia en publicarlo;

porque del gran delito de quererte

sólo es bastante pena confesarlo

 

Dijo una vez Roberto Benigni, actor premiado con el Óscar por su película La vida es bella y protagonista de varias de sus películas junto a su esposa Nicoletta Braschi, siempre juntos con diferentes guiones pero descubrimos muy bien que su propósito ha sido el de poner en la pantalla su obvio sentimiento hacia una mujer en especial:

"Llevamos 40 años haciendo todo juntos, y solo conozco una forma de medir el tiempo: contigo o sin ti. Si alguna vez he tomado vuelo en mi trabajo, es gracias a ti. A tu talento, a tu misterio, a tu encanto, a tu belleza, a tu feminidad, al simple hecho de ser mujer. Porque ser mujer es un misterio que los hombres no entendemos. Groucho Marx tenía razón cuando decía: 'Los hombres son mujeres que no lo han logrado'. Si hay algo bello en mi vida, siempre ha sido atravesado por tu luz. Lo nuestro fue amor a primera vista… incluso a la vista eterna".

 

Desde que supe de este escritor poeta, quedé como fiel admirador y no cabe duda que, hablando de la capacidad que tenemos como seres humanos, hay personajes que tuvieron el atrevimiento de encaminarse hacia lo fundamental de nuestro vida: la inmortalidad. Lea pues a continuación esta obra que es objeto de envidia y sensaciones complejas para cualquiera que desee inmiscuirse al plano de la escritura:

 

Jaime Sabines – Espero Curarme de Ti

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.


Vea a continuación querido lector, de lo más popular de este genio chiapaneco, quizás para otros sea la primera vez que lo tengan ante sus ojos, pero, ¿no le darían ganas de repasarlo al menos una vez por semana?.

Los Amorosos

Jaime Sabines

 

Los amorosos callan.

El amor es el silencio más fino,

el más tembloroso, el más insoportable.

 

Los amorosos buscan,

los amorosos son los que abandonan,

son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,

no encuentran, buscan.

 

Los amorosos andan como locos

porque están solos, solos, solos,

entregándose, dándose a cada rato,

llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos

viven al día, no pueden hacer más, no saben.

Siempre se están yendo,

siempre, hacia alguna parte.

Esperan,

no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.

El amor es la prórroga perpetua,

siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

Los amorosos son los insaciables,

los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.

 

Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.

Las venas del cuello se les hinchan

también como serpientes para asfixiarlos.

 

Los amorosos no pueden dormir

porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la oscuridad abren los ojos

y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana

y su cama flota como sobre un lago.

 

Los amorosos son locos, sólo locos,

sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas

temblorosos, hambrientos,

a cazar fantasmas.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,

de las que aman a perpetuidad, verídicamente,

de las que creen en el amor

como una lámpara de inagotable aceite.

 

Los amorosos juegan a coger el agua,

a tatuar el humo, a no irse.

Juegan el largo, el triste juego del amor.

 

Nadie ha de resignarse.

Dicen que nadie ha de resignarse.

 

Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,

la muerte les fermenta detrás de los ojos,

y ellos caminan, lloran hasta la madrugada

en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,

a mujeres que duermen con la mano en el sexo,

complacidas,

a arroyos de agua tierna y a cocinas.

 

Los amorosos se ponen a cantar entre labios

una canción no aprendida,

y se van llorando, llorando,

la hermosa vida.

  

Se han de preguntar, dónde dejamos a tanto afamado o afamada escritora o escritor, siendo tan vasto el océano que nos ofrece la literatura. Julia de Burgos, Juan Ramón Jiménez, Quevedo, Béquer, Machado, Amado Nervo, Cernuda, Gabriela Mistral, Shakespeare, Julio Cortázar, Byron, Roberto Bolaño, Ribeyro… ¿Qué me faltaron?, ¡Claro!, incontables son que no podría haber ensayo ni obra que se le parezca donde se pueda sintetizar un universo casi infinito de palabra y sentimiento (hasta buenas amigas y amigos escritores locales podrían reclamarme un breve espacio, si les llegara a importar, desde luego).

Para culminar este trabajillo (si es que llega a tal) me remito a citar ya brevemente a Benedetti en su novela “La Tregua”, dándonos la oportunidad de encontrar en los detalles de nuestras andanzas el sentido del más sutil de los sentimientos:

“Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor.”

 

Fin.